Parece que no se tomaron ninguna molestia en ejecutar el más esencial de los ejercicios de raciocinio. En sentarse a evaluar si su opinión tenía alguna base, algún sustento. La sueltan no más, de manera inconsciente.
Lo peor de todo, lo más triste, lo más decepcionante, es que estos personajes no temen exponer sus ideas en público, no temen en arrojarlas sin importarles el daño que puedan causar en quienes las lean. No por ser ofensivas (aunque intenten serlo a sus creadores no les da para tanto), si no por generar dudas sobre la necesidad de la supervivencia de nuestra especie. Tal vez este mundo sea mejor sin nosotros, termina pensando uno.
Y ahora, a estos seres de forma humana que piensan con las patas, les han otorgado más vías para comunicarse, más oportunidades de dispersar las miasmas de sus cerebros.
Por el momento, para evitar toparme con ellos, dejaré de leer los comentarios que algunos dejan en ciertas páginas del Facebook.

Muy buena medida. Si te refieres a esos seres que dicen gobernarnos, pues sí, en la mayoría de los casos, mejor ni mirarlos. Si te refieres a aquellos que a veces dicen saberlo todo, mejor no opinar no?
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