7 oct 2010

La fiesta de Mario

La ciudad y los perros me hizo descubrir que el mundo no era tan bonito como creía. Tenía trece años y estaba a punto de entrar en la etapa más dura de la secundaria. Ese momento despiadado de la vida en el que tu futuro se define: Lorneas o eres lorneado. O te avivas o te recordarán durante toda tu vida como el idiota de la clase, del colegio, de la vida. O lo que puede ser peor, no se acordarán de ti. A mi me fue bien haciendo la del poeta. No, no llegué al punto de escribir novelitas pornográficas para que mis amigos se pajeen, me bastó con tener siempre una respuesta a la mano. Eso me vino de herencia.

La ciudad y los perros fue el libro que me hizo sentir la curiosidad de echarme un polvo, de considerar ir alguna vez donde una puta, el que me empujó a ser un poco malo con algunos, a entender que en un colegio de hombres rige a veces la ley de la selva. Fue el libro con el que supe que las cosas que hacía, a veces, eran normales, que no era un bicho raro. Al menos eso creía en ese momento.
Fue el principio. Es ocioso enumerar todo lo que me dejó cada uno de los libros de Vargas Llosa, de los cuáles he leído muchos. Sólo esa sensación de bienestar, de placer y tristeza al llegar a la última página. De saber que no olvidaría jamás esa historia. Mientras se formaba una inevitable envidia malsana por no ser como él.

Yo también quiero escribir "La guerra del fin del mundo" o escribir una novela tan faulkneriana como "Conversación en la catedral". Quiero crear un personaje tan inolvidable como Pedro Camacho, o uno tan deseable como "La Brasileña". Quisiera vivir de lo que escribo, aunque cada vez escriba menos.

Hace muchos años, todavía en la universidad, decíamos, con unos amigos, que el día que Vargas Llosa ganara el Nobel nos emborracharíamos de felicidad. Ahora no se por donde andan esos amigos y no tengo muchas ganas de tomar tanto.

Pero la emoción, cuando en la mañana escuché la noticia, fue la misma.

Hay personas que no conoces y a las que siempre estarás agradecido, Mario es uno de ellos.

15 sept 2010

Bestiario 2

Existen seres invisibles. Y también existe lo que vendría a ser su contraparte, seres que generan seres invisibles. Estos últimos cuentan con el don de convertir en etéreos, de otorgar de esta propiedad casi fantástica a cualquier individuo, así sea contra su voluntad. No siempre los seres invisibles quieren serlo, no todas las personas desean contar con lo que para otros es un súper poder. Por el contrario, los casos más lamentables son aquellos en los que, al que se le confiere la invisibilidad deseaba todo lo contrario. Pero los seres que generan seres invisibles son despiadados, cuando han tomado una decisión no hay marcha atrás y eludir sus designios es casi imposible. Se conocen pocos casos al respecto.

¿Hay cura para la invisibilidad? Sí. No todo es malo para el ser invisible: puede perder esa condición (característica, estado) en tanto se aleje de aquel que se la otorgó arbitrariamente. Lamentablemente, en la mayoría de los casos, ambos seres están ligados por conexiones externas que son difíciles de deshacer.

La invisibilidad, finalmente, no sirve de mucho. No sirve de nada, en realidad. Todo eso de las películas son puras patrañas.

13 sept 2010

Bestiario

Existen seres de forma humana que piensan con las patas. Porque ellos no poseen pies. Son sujetos alucinantes, que parecen sacados de una obra de mal gusto, de un lugar oscuro, hediondo y nauseabundo. El producto de sus ideas es casi tan veloz como una arcada, el resultado suele ser tan concreto como un pedazo de caca.


Parece que no se tomaron ninguna molestia en ejecutar el más esencial de los ejercicios de raciocinio. En sentarse a evaluar si su opinión tenía alguna base, algún sustento. La sueltan no más, de manera inconsciente.

Lo peor de todo, lo más triste, lo más decepcionante, es que estos personajes no temen exponer sus ideas en público, no temen en arrojarlas sin importarles el daño que puedan causar en quienes las lean. No por ser ofensivas (aunque intenten serlo a sus creadores no les da para tanto), si no por generar dudas sobre la necesidad de la supervivencia de nuestra especie. Tal vez este mundo sea mejor sin nosotros, termina pensando uno.

Y ahora, a estos seres de forma humana que piensan con las patas, les han otorgado más vías para comunicarse, más oportunidades de dispersar las miasmas de sus cerebros.

Por el momento, para evitar toparme con ellos, dejaré de leer los comentarios que algunos dejan en ciertas páginas del Facebook.

10 sept 2010

Hilo de pescar

Es tan fácil distinguir la veracidad de lo que se escribe acá como ver a lo lejos un hilo de pescar. Es un acto que requiere de algo de perspicacia, buena vista y a veces hasta imaginación. Pero cuando se le encuentra, cuando es posible asirlo, atraparlo, como a la verdad (a pesar que a veces esto pueda lastimarnos, el hilo de pescar, dependiendo de cómo se use, puede resultar una filuda arma), se puede comprobar lo difícil que es intentar romperlo.
Lo que escribiré acá, lo que podrá leer, no es más que una serie de divagaciones sobre los más diversos temas que me interesan (que no son pocos). Algunas opiniones personales, algunas historias personales. De todo un poco. Si llegan hasta este blog espero que no se aburran. Y por supuesto, que regresen.

Por cierto, hoy alguien había atado un hilo de pescar a la pata de una paloma. Lo había hecho con tanta fuerza que por más que mi novia y yo intentamos desatar el nudo era imposible. El hilo medía casi metro y medio. Al parecer alguien había utilizado a la paloma de cometa o algo así. Mientras tanto, el animal cojeaba, se le veía adolorido. A veces las palomas pueden ser muy inexpresivas, esta no era una de ellas. Sólo pudimos cortar el hilo cerca a la pata. El nudo quedó ahí, apretado, cortándole la circulación. Si algo abunda en el mundo, son los hijos de puta. De puta barata.